La crisis hídrica en Chihuahua ha colocado nuevamente sobre la mesa una pregunta que cada vez más ciudadanos hacen: ¿quién tiene prioridad cuando el agua no alcanza para todos?
En distintas regiones del estado, hogares reciben agua por horarios o enfrentan días completos sin servicio. Sin embargo, al mismo tiempo, extensas zonas agrícolas continúan utilizando grandes volúmenes del recurso para la producción de cultivos de exportación, como nuez, manzana y otros productos destinados principalmente al mercado internacional.
Ciudadanos viven restricciones
En varias ciudades y comunidades, las familias han tenido que adaptarse a los tandeos, almacenar agua y modificar sus actividades cotidianas debido a la escasez.
Las altas temperaturas, la sequía prolongada y la disminución de los niveles en presas y acuíferos han complicado aún más el panorama.
La agricultura de exportación mantiene una alta demanda
Chihuahua es uno de los principales productores agrícolas del país y una parte importante de su producción se destina a mercados internacionales.
Los huertos y campos agrícolas requieren grandes cantidades de agua para mantener la producción, especialmente durante las temporadas de mayor calor.
Productores señalan que cuentan con concesiones y derechos de aprovechamiento otorgados conforme a la legislación vigente, mientras que especialistas advierten que el creciente estrés hídrico obliga a revisar el modelo de distribución del recurso.
Crece el debate sobre la distribución del agua
Diversos sectores sociales consideran que el acceso al agua potable debe tener prioridad sobre cualquier actividad económica.
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Por otro lado, representantes del sector agrícola sostienen que la producción genera miles de empleos y representa una fuente importante de ingresos para la economía estatal y las exportaciones mexicanas.
El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre el desarrollo económico y la disponibilidad de un recurso cada vez más escaso.
Un recurso que exige nuevas decisiones
Especialistas coinciden en que Chihuahua enfrentará en los próximos años una mayor presión sobre sus fuentes de abastecimiento debido a la sequía, el cambio climático y el incremento en la demanda.
El debate ya no gira únicamente en torno a cuánta agua existe, sino a cómo se distribuye, quién la utiliza y bajo qué criterios se establecen las prioridades.