Hay lugares que no necesitan luces espectaculares ni decoración moderna para llamar la atención. Basta con cruzar su puerta, mirar las fotografías en las paredes y escuchar las historias que se repiten entre sus mesas.
En la ciudad de Chihuahua, algunas cantinas conservan ese espíritu. Son espacios donde la memoria local se mezcla con las costumbres del norte y donde cada generación encuentra una razón distinta para regresar.
La Antigua Paz: más de un siglo de historias
Una de las referencias más conocidas es La Antigua Paz, cuya historia comenzó en 1910, cuando Francisco Carrejo Sáenz abrió un establecimiento llamado La Paz. En 1922, el negocio se trasladó a su ubicación actual, en el cruce de las calles Mina y 12. Desde entonces, se ha convertido en un referente de la tradición cantinera de la capital.
Su atractivo no está únicamente en las bebidas. Las fotografías, los objetos antiguos y las anécdotas que rodean al establecimiento forman parte de una identidad que ha sobrevivido a los cambios de la ciudad.
La Despedida: tradición con sabor a sotol
Otra parada que merece atención es La Despedida, una cantina cuya historia está ligada a la tradición del sotol, una bebida emblemática del norte de México.
En mayo de 2025, El Heraldo de Chihuahua documentó sus 95 años de historia y su evolución desde un expendio clandestino de sotol hasta convertirse en un bar clásico. Su trayectoria refleja cómo estos espacios han cambiado sin abandonar por completo sus raíces.
Mucho más que una bebida
Las cantinas tradicionales forman parte del patrimonio social de una ciudad. En ellas conviven las historias familiares, las conversaciones entre amigos y las costumbres que difícilmente aparecen en las guías convencionales.
También enfrentan un reto: mantenerse vigentes frente a nuevas formas de entretenimiento y hábitos de consumo. Su permanencia depende de conservar su carácter, atraer nuevas generaciones y mantener viva la memoria de quienes han pasado por sus mesas.
En Chihuahua, estos lugares recuerdan que conocer una ciudad no consiste solamente en visitar sus monumentos. También significa escuchar sus historias, reconocer sus costumbres y descubrir esos rincones donde el pasado todavía tiene algo que contar.