Chihuahua tiene un lugar privilegiado en la agricultura mexicana gracias a un cultivo que forma parte de su identidad productiva: la manzana. Detrás de cada cosecha existe una cadena de trabajo que involucra a agricultores, jornaleros, transportistas, empacadores y comerciantes.
De acuerdo con información del Gobierno de Chihuahua basada en cifras del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), durante 2024 el estado cosechó más de 664 mil toneladas de manzana, con un valor de producción superior a los 7 mil 400 millones de pesos. La entidad aportó alrededor del 85 por ciento de la producción nacional.
Estas cifras reflejan la importancia de una actividad que va mucho más allá de los huertos. En distintas comunidades, la temporada de cosecha representa una fuente de ingresos para miles de familias y una oportunidad para dinamizar el comercio local.
Guerrero y Cuauhtémoc, en el corazón de la producción
La producción se concentra principalmente en municipios como Cuauhtémoc, Guerrero, Namiquipa, Bachíniva y Cusihuiriachi. En estas regiones, las condiciones agrícolas y la experiencia acumulada por generaciones han permitido desarrollar una industria especializada.
El trabajo comienza mucho antes de recoger la fruta. Los productores deben preparar los árboles, administrar el riego, controlar plagas, proteger los cultivos de las heladas y el granizo, y organizar la recolección para conservar la calidad de la manzana.
Además, la actividad requiere infraestructura para seleccionar, almacenar y transportar el producto. Una cosecha abundante no garantiza por sí sola mejores ingresos: también importa cuánto cuesta producirla y a qué precio logra venderse.
El costo de producir también pesa
Mantener una huerta implica inversiones constantes en agua, fertilizantes, energía, mano de obra, maquinaria y protección contra fenómenos climáticos.
A estos gastos se suma la necesidad de renovar árboles y modernizar los sistemas de producción. Las huertas tecnificadas pueden mejorar sus rendimientos, pero requieren capital y una planeación de largo plazo.
Un estudio publicado en 2026 en la Revista Fitotecnia Mexicana analizó la competitividad de la producción de manzana en Chihuahua. Entre sus conclusiones, advierte que una pérdida del 50 por ciento de la cosecha puede hacer que los sistemas productivos analizados dejen de ser competitivos.
El hallazgo muestra la vulnerabilidad económica de una actividad en la que los daños climáticos pueden comprometer el resultado de toda una temporada.
El agua y el clima, dos factores decisivos
La disponibilidad de agua es otro de los desafíos para el campo chihuahuense. En una actividad agrícola que depende del manejo adecuado del riego, las condiciones de sequía obligan a planificar cuidadosamente el uso de los recursos.
Las heladas tardías y las granizadas también pueden afectar la calidad y el volumen de la fruta. Por ello, las inversiones en sistemas de riego, estaciones meteorológicas y mallas antigranizo pueden representar una diferencia importante para los productores.
El reto consiste en fortalecer la capacidad de adaptación de las huertas sin elevar los costos a un nivel que vuelva inviable la actividad para los agricultores.
Competir en el mercado requiere algo más que producir
El liderazgo de Chihuahua no elimina la competencia. Los productores necesitan mantener la calidad, controlar sus costos y encontrar condiciones comerciales que les permitan obtener ingresos suficientes para reinvertir en sus huertas.
La conservación en cámaras de almacenamiento, la selección de variedades y el acceso a canales de comercialización también influyen en las oportunidades de venta.
En este escenario, la innovación agrícola, la organización de los productores y el acceso a tecnología pueden ayudar a fortalecer la posición de la manzana chihuahuense en el mercado nacional.
Una industria estratégica para las comunidades rurales
La producción de manzana demuestra la capacidad agrícola de Chihuahua y el peso que una sola actividad puede tener en la economía de numerosas comunidades.
Sin embargo, sostener ese liderazgo exige atender los costos, reducir los riesgos de las cosechas y mejorar las condiciones para que los productores puedan invertir y competir.
El desafío no consiste únicamente en mantener los volúmenes de producción, sino en lograr que la actividad continúe siendo rentable y genere oportunidades para las familias que dependen de ella.
La manzana chihuahuense es mucho más que un producto agrícola: representa trabajo, inversión y una cadena económica cuyo desempeño tiene consecuencias directas en el campo del estado.
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